Día 1 – ¡Hacia la aventura!

Salimos  a las 2 de la madruga el 8 de diciembre de 2016, desde la terminal Tres Cruces de Montevideo, Uruguay. No teníamos idea de que estábamos haciendo y la dimensión de lo que iba a ser nuestro viaje, pero no importaba. Ahí estábamos con nuestros amigos Marcus, Fede, Emi, Nico y Nestor dando esos abrazos que llenan el alma, nos alimentan el espíritu y nos protegen de cualquier inseguridad que exista.

Horas atrás nos habíamos juntado a armar la mochila, ver que cosas llevar y cuales no, entre vino y cerveza decidíamos si el mazo de cartas era necesario o si en algún momento usaría una bufanda; ¿Dejo la caña de pescar? (por suerte, si) ¿Cuantas medias llevo?(flaco, se te van a terminar perdiendo todas)¿Llevo pilas AAA o mejor AA? (pregunta tan al pedo como llevar pilas) ¿¡Cuanto pesa todo esto, no me quedaré sin espalda dentro de 3 días!?. Y así un montón de incógnitas más, como lo habían sido las semanas anteriores a este momento. Caminamos desde el centro hasta la terminal, fueron 32 cuadras de práctica para lo que se vendría. Luego de las despedidas y el aliento de cada uno, dejamos las mochilas en la bodega, guardamos un abrazo más de esta gente hermosa y subimos. Cuando el ómnibus (bus, colectivo, micro,bondi,autobús) arranco, salió de la ciudad y tomamos la ruta 1 con destino a Fray Bentos, sin saberlo, habíamos comenzado una nueva etapa en nuestras vidas, era un antes y un después.

DSC06037

Arriba : Nestor – Agustin – Fede – Marcus Abajo: Nico – Laureano – Emi

Alrededor de las 6 de la mañana habíamos hecho nuestros primeros 300km en 4 horas. En la terminal averiguamos como cruzar hasta el paso fronterizo y nos recomendaron tomar un bus, ya que la ruta no es tan transitada como para hacer dedo, ademas de la hora que era. A las 9 de la mañana estábamos bajando en la terminal de Gualeguaychú después de pasar por la aduana Uruguaya y la de entrada a Argentina. No tuvimos ningún inconveniente en la frontera, presentamos nuestra cédula junto a un formulario, pasaron las mochilas por los rayos X y volvimos al bus. Lo siguiente era desayunar una vez que ya estábamos en el país vecino. Como durante todo el viaje, la comida estrella fue pan con jamón y queso junto al mate amargo. Ya con la panza feliz, emprendimos la caminata hacia la ruta 14. Según la muchacha de “información turística” la ruta se encontraba a 6 cuadras, pero como a 600m de distancia no encontramos ninguna intersección, desconfiamos y comenzamos a hacer dedo, aquí fue donde nos levanto Edgardo en una camioneta del 70.  Dejamos las mochilas en la caja y subimos adelante, con muy buena voluntad nos llevo a nuestro destino. Como detalle, la señorita le erró por 94 cuadras (10km). (Que nos llevaran ya nos empezaba a caer bien)

Ya en la ruta 14 esperamos durante 15 minutos con nuestro cartel que decía “Zarate” hasta que paró el primer camionero del viaje, nos llevo durante 140km en 2 horas. Lo siguiente fue caminar en dirección al peaje de Lima, caminamos unos 5 kilómetros hasta la parada del colectivo, una señora nos ofreció su tarjeta metropolitana por el valor de 90 pesos arg. cada uno pero el boleto costaba 8 pesos (muy “simpática” la doña) le dijimos que No y dentro una muchacha aceptó el canje. El bus nos dejo en la colectora a 20 metros del peaje. “Rosario” decía el cartel que nos permitiría el próximo dedo, durante una hora y media nos toco esperar a David, otro camionero que pudo llevarnos durante 120 kilómetros. Cuando David llego a su destino tuvo el gesto de regalarnos un mapa de Argentina y Chile, nos bajamos muy agradecidos y emprendimos caminata por la autopista, intercalamos un par de dedos que nos aproximaron un poco más a Rosario. Fue en este momento donde el destino nos cruzo con alguien más…

Ya estaba por atardecer, teníamos la cabeza puesta en donde íbamos a dormir, que comer, si nos podríamos bañar y una estación de servicio a 2000m parecía la mejor opción. Hasta que Agustín levantó su brazo, cerro el puño y alzó el dedo pulgar en el momento indicado… Una Amarok para. Es curioso como durante el día la mayoría de las personas que transitan por la ruta, no te levantan y esto genera frustración, pero la sensación al ver como un auto pone el señalero, gira a la derecha, reduce la velocidad y para en la banquina es increíble, como un gol a los 94′ en los descuentos vas corriendo a abrazar al ser que permitió esa emoción. Y así fuimos corriendo con nuestras mochilas en la espalda hasta encontrarnos con Bruno, nos invito a dejar el equipaje en la caja de la camioneta, subimos a su maquina y emprendimos ruta hacia Rosario, sin expectativa alguna.

Contaba como había viajado desde muy joven a Australia, Nueva Zelanda gracias a “WorkandTravel“, sus viajes como mochilero y sus experiencias permitieron que se generara una buena conversación y entre tema va, tema viene surgió la pregunta de donde íbamos a pasar la noche. No teníamos ni idea, no era una preocupación tampoco, de alguna manera nos íbamos a arreglar. Hasta que Bruno dijo las palabras mágicas:

¿No quieren venir a pasar la noche en casa? Esta mi esposa con mi hijo, podemos invitarlos a cenar y  descansar en un lugar cómodo.

Entramos al barrio residencial de Funes, a las afueras de Rosario. Un lugar muy hermoso, con el pasto cortado, todo muy limpio, se respiraba tranquilidad y comprendimos la elección de Bruno de vivir ahí, pero cuando llegamos a su casa, lo entendimos aun más. Un patio frontal precioso con su piscina, plantitas, su perro y al fondo la casa… un sueño. En su interior estaba su compañera Paula, que era Portuguesa, se habían conocido en la India, en un cruce que solo planifica algo más. Enseguida nos hicieron sentir como en casa, luego de una duchita caliente, tomamos una cerveza negra mientras charlabamos y nos conocíamos un poco más. No lo sabía, pero las Milanesas que comimos esa noche iban a ser las ultimas hasta dentro de casi 3 meses (si me lo hubieran dicho, la habría disfrutado de otra manera). La frutilla de la torta fue al finalizar la cena, (ademas de ver a Agustín lavando los platos) cuando nos mostraron el vídeo que habían hecho después de su luna de miel, durante un año y medio estuvieron dando la vuelta al mundo. Quedamos fascinados. Era medianoche y el cuerpo pedía una pausa, ya acostados no podíamos creer todo lo que había pasado, entre comentarios y risas, nos dormimos.

Para dos pibes de 20 y 21 años que el primer día de su viaje como mochileros terminan viviendo una experiencia así, es muy peligroso. Porque no hay posibilidad que después de esto alguien nos parara, que le hiciéramos caso de que estábamos cometiendo un error, que era inconsciente o peligroso, el miedo no tenia valor, confiar sí. Estamos en otro país, superamos la distancia que nos propusimos, conocimos gente muy amable, aprendimos como nunca, experimentamos nuevos lugares, circunstancias y emociones.

Para dos amigos que salieron a buscar un sueño, éste ya se estaba cumpliendo.

 

 

Anuncios

6 comentarios en “Día 1 – ¡Hacia la aventura!

  1. Impresionante, desde la nuca a la punta de los pie se me erizaron los pelos. Leer tus palabras es como viaja a vuestro lado, uno puede ver oler gustar cada comentario. No hay duda, va a ser una hermosa experiencia seguir tu relato. Laureano ( hijo del alma), Agustín vuestra aventura no conocerá fronteras. Grande Gurises

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s